Que reine el deporte

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Afición del Real Oviedo

La afición oviedista ha dado ejemplo a lo largo de su historia de elegancia y deportividad, dos características que los últimos tiempos ven cada vez con menos frecuencia. No es el caso de los carbayones, que, especialmente cuando las circunstancias han resultado más dramáticas, han reafirmado su apoyo a sus colores sin menoscabo de su educación y saber estar. No quedan lejos en el recuerdo las diversas actividades e iniciativas tomadas por la parroquia azul para sacar adelante una entidad histórica que se hundía sin remedio en los barrizales. El tránsito por la tercera división fue posible y, además, asimilable gracias al entorno del Real Oviedo.

 

La pasada semana se volvió a ver ese impecable comportamiento en otro campo de España. El municipal de Ipurua, en Eibar, asistió a uno de los espectáculos más gratificantes del fútbol, con la hinchada local aplaudiendo a la visitante y animándoles tras la derrota.

 

El comportamiento fue perfecto, con cánticos y ánimos durante todo el partido, aunque el espectáculo ofrecido por los suyos sobre el terreno de juego hizo que los ánimos se volviesen reproches al final. Lo lógico y habitual. Cuando el equipo no responde es normal que la grada proteste.

 

Pero no es admisible lo ocurrido más tarde, durante el viaje de vuelta, cuando algunos aficinados increparon, insultaron y amenazaron a los jugadores en el restaurante donde cenaban, molestando y atemorizando además al resto de comensales y responsables del establecimiento. Las quejas hacia los jugadores deben quedar en el terreno de juego, no deben ser llevadas al ámbito personal. Tras los incidentes, la imagen del Real Oviedo y de su afición ha salido dañada, aunque todos somos conscientes de que un acto puntual no puede ser tomado como norma. Que reine el deporte.