La salvación está en el Carlos Tartiere

La salvación está en el Carlos Tartiere

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Jaime Reinares habla con Vaca en la Junta del año pasado (Archivo MO)

Con la caja a cero y Ángel Martín Vaca incapaz de afirmar que los jugadores cobrarán hasta final de temporada (ante su silencio al ser preguntado al respecto y su posterior y tardía respuesta de que “lo intentaremos” más de uno habrá llamado a su agente para que le busque equipo en el mercado de invierno), el recurso al que acude el consejo para evitar la causa de disolución es activar los bajos del Carlos Tartiere con un valor de 1.755.391,55 euros. La norma legal sobre la que se basa esta activación es objeto de polémica, ya que para hacerlo sería necesario que no hubiese contraprestación, pero el Oviedo paga un euro al año a cambio de las instalaciones. El propio consejo se apresta a indicar en su documentación que ese euro no se puede considerar más que de forma testimonial, pero hay un contrato y una contraprestación. ¿Dirá algo el ayuntamiento al respecto?

En las cuentas sigue apareciendo el video marcador que no está. Dicen los consejeros que sigue en el Tartiere, pero si así es no se ve. Otro truco contable para evitar la reducción o ampliación de capital. Lo que queda claro es que el cierre del ejercicio ha desvelado unas pérdidas de más de 900.000 euros, que serían muy superiores si no se hubiese incluido en el ejercicio los 407.830 euros ingresados tras una sentencia favorable en un juicio contra La Caixa, aunque la entidad ha anunciado que recurrirá y ese dinero podría tener camino de retorno, algo que no contemplan los rectores azules en sus presupuestos. Unos presupuestos indefinidos, con grandes partidas sin especificación que prevén unos ingresos de 2.756.000 euros y unos gastos de 2.724.000. Es decir, 32.000 euros de superávit. Toda una ganga si no fuera porque nadie se lo cree. Además en una sociedad que no tiene en propiedad ni su nombre ni sus marcas. Como para comprar las acciones del magnate de San Claudio.

 

MÁS QUE NÚMEROS // Ante la Junta, el consejo presentará, además de las cuentas, su informe de gestión. Para la temporada 2010/2011, “el único objetivo deportivo (…) es el ascenso deportivo a la 2ª División”. Ese es el punto de partida, entre otras lindezas como “potenciar al máximo la política de cantera” para que el 50% de los componentes de la primera plantilla sean jugadores de El Requexón. Más risas.

 

También se habla del sintético de la ciudad deportiva azul y de los accesos, los recursos habituales al lloriqueo. Ni van a cambiar el sintético ni a mejorar los accesos, de lo que culpan al Principado. Su unión política a Gabino de Lorenzo les obliga y ensalzan “las instalaciones de La Pixarra, (que) solventará los problemas derivados del estado en que dicho campo se encuentra”. Podrán decir que desconocían el estado de las cuentas, pero el sintético del Requexón estaba a la vista. Aunque había que ir allí para verlo.

 

Las alusiones al convenio con el Principado causan risa por extemporáneas. Tras la sentencia judicial que desarma las pretensiones (justas) del Oviedo de cobrar el patrocinio del Principado, es lamentable ver el informe en el que se sigue cargando contra el gobierno autonómico y cómo califican el cobro de ese patrocinio como una “cuestión que supone una de las principales prioridades de la entidad”. Los gestores del club vuelven a sacar a pasear el santo de la discriminación respecto al Sporting y el ya desaparecido Gijón Baloncesto, siempre sin aportar algo de su parte y bolsillo.

Y lo que son dardos envenenados hacia el Principado, se tornan loas a Gabino de Lorenzo, aunque se les va la mano y se apuntan el éxito de “la concesión a la APARO para la ubicación de un chiringuito durante las fiestas de San Mateo”. Es, como poco, indigno que traten de apropiarse méritos ajenos, especialmente respecto de una asociación a la que desprecian, ningunean y torpedean. Su mérito, indudable, es “la inauguración del Museo-Boutique”, aunque sólo eso, la inauguración, porque ni se puede visitar ni se puede comprar nada en la tienda.

 

Un nuevo intento de engaño a la afición y a los accionistas. Y para hacerlo, con alevosía y demasiada luz, a las diez de la mañana en un día laborable. Aunque Ángel Martín Vaca, en su mundo de fantasía e ilusión, piense que en Oviedo la gente en Navidad no trabaja.