Una victoria nada balsámica

Una victoria nada balsámica

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Un aficionado muestra su malestar hacia el equipo (Foto: Hugo Álvarez).
Pol despeja de puños (Foto: Jonás Sánchez).

Pol despeja de puños (Foto: Jonás Sánchez).

El comienzo del partido tuvo, precisamente, a Simón por protagonista. Con el Tropezón agazapado cerca de su área con una marcada línea de cinco defensas, fue el catalán el encargado de comenzar el juego de su equipo. Todas las jugadas de ataque local empezaban en los pies del centrocampista, que no se cansaba de buscar a Eneko en banda izquierda. La movilidad de Alain era otra de las buenas noticias para el Real Oviedo. Los locales llegaban con soltura hasta las inmediaciones del área rival. Los centros laterales buscando a Diego Cervero creaban peligro, pero el delantero no conseguía que sus remates vieran puerta.

 
Mediada la primera parte, los azules reclamaron un penalti por manos en el área del Tropezón. Fue justo antes de que se lesionaran dos jugadores del Oviedo. Más problemas para Granero. Primero fue Álvaro Cuello. Y, apenas un minuto despuñes, Eneko. Para ocupar sus puestos entraron Iván Rubio y Josep Señé.

Señé, instantes antes de ser derribado en el área en la jugada del penalti (Foto: Jonás Sánchez).

Señé, instantes antes de ser derribado en el área en la jugada del penalti (Foto: Jonás Sánchez).

Los mejores minutos del Real Oviedo en el encuentro llegaron justo con la entrada del catalán en el campo. Con Señé fresco y descansado, el Oviedo asedió al Tropezón. Sobre todo gracias al desparpajo del suplente. Josep, que jugó en banda izquierda, se cansó de pedir el balón a sus compañeros y de encarar a la defensa rival. En una de esas acciones, provocó el penalti que supuso el 1-0. El encargado de ejecutarlo, cómo no, fue Diego Cervero. En la celebración, tras la piña de los jugadores azules, una nueva bronca del Tartiere.

El partido siguió por el mismo camino. Pese al 1-0, el Oviedo se empeñaba en atacar a un Tropezón que no renunció a los cinco defensas ni estando abajo en el marcador. Alguna aproximación se pudo convertir en el 2-0, pero nada más lejos de la realidad. Apenas ocho minutos después del tanto de Cervero empataba el equipo visitante con un gol de Adrián León. La pitada se convirtió por la nueva decepción se convirtió en aplausos de la afición local al equipo visitante. Con este ambiente se llegó al descanso, con un resultado que se antojaba demasiado injusto para los méritos de uno y otro equipo.

Javi Hernández dedica a su hijo el gol de la victoria (Foto: Hugo Álvarez).

Javi Hernández dedica a su hijo el gol de la victoria (Foto: Hugo Álvarez).

SEGUNDA PARTE TENSA // Que con el paso de los minutos el ambiente iba a empeorar era algo que se sabía. Lo sabían aficionados, entrenadores y jugadores de ambos equipos. Pero con lo que no se contaba era con que el Tropezón multiplicara las llegadas a la portería de Pol. La bronca ya era constante en algunos sectores del estadio (no todos). Daba igual si se hiciera bien o mal. Si hubiera esfuerzo o apatía. En la última medía hora, casi cada acción local era despedida con una pitada (en el mejor de los casos) o insultos (en el peor). No se hicieron excepciones.

Carlos Granero decidió dar entrada a Xavi Annunziata en lugar de Sergio Díaz. El Real Oviedo cerraría con 3 atrás, y el canario buscaría llenar el tremendo espacio que se había creado entre los dos mediocentros y la delantera. Poco tiempo dio para ver si el experimento podía funcionar. Cinco minutos después de la entrada de Annunziata, en una falta lateral, Javi Hernández se imponía en el salto y remataba certeramente al fondo de la red. Los azules se volvían a poner por delante en el marcador.

Joaquín del Olmo presenció el partido en el palco flanqueado por Manuel Paredes y Jorge Menéndez Vallina (Foto: Hugo Álvarez).

Joaquín del Olmo presenció el partido en el palco flanqueado por Manuel Paredes y Jorge Menéndez Vallina (Foto: Hugo Álvarez).

Los diez minutos que quedaban para el final del encuentro fueron casi un castigo. El equipo cerró filas cerca de su área, con los once jugadores defendiendo en terreno de juego propio. En un conjunto con cuatro laterales en plantilla (tres de ellos fichados este verano), resultó curioso que fueran Rubio y Erice los que terminaran ocupando esa posición. Lo cierto es que el Real Oviedo se hizo con una victoria que le alivia en la clasificación (asciende a la cuarta posición, a seis puntos del liderato) pero que no ha supuesto la paz con la grada. La semana que viene, en Logroño, los azules tendrán que defender un puesto de playoff que cada vez está menos claro que se vaya a conseguir. 

 
Rueda de prensa de Carlos Granero (Real Oviedo TV)