El Real Oviedo no comparece en Huesca

El Real Oviedo no comparece en Huesca

Los asturianos pierden su puesto en ascenso directo en el peor partido de la temporada

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Torró, en una disputa en el centro del campo (Foto: @LaLiga).

El peor Real Oviedo salió a relucir en el mejor momento, siempre al revés de la lógica. Justo cuando los asturianos ocupaban puesto de ascenso directo, acumulaban una gran racha de siete partidos sin conocer la derrota y se mostraban como un equipo sólido, todo saltó por los aires en El Alcoraz, donde los locales sobrepasaron al equipo de Hierro de manera muy clara (4-0).

Ni siquiera el hecho de haber disputado 20 minutos igualados salva a los de la capital del Principado. Los azules completaron un encuentro horrendo, casi ridículo y en el que no supieron contrarrestar en ningún momento el empuje local. Vadillo, Lázaro y especialmente Sáiz y Ferreiro fueron una pesadilla para la zaga visitante, especialmente para Óscar Gil que comenzó tranquilo pero fue acumulando errores hasta encontrar una justa expulsión en el primer minuto de la reanudación.

Ni saltan las alarmas ni hay que echarse las manos a la cabeza, sino trabajar en corregir los errores propios y no volver a caer en los mismos. Pese a la estupenda racha de resultados, el equipo, o mejor dicho alguno futbolistas, comenzaban a mostrar síntomas de agotamiento y relajación. No modificar la alineación por el resultado de la jornada anterior es lícito y habitual en el fútbol, pero se debe tener siempre la sensación de que existe la posibilidad de no jugar, sentir la sana competencia de los compañeros.

Tras 15 minutos de tanteo inicial, comenzó el equipo de Anquela a merodear el marco de Juan Carlos. Primero tuvo que repeler un disparo peligroso David Fernández en el interior del área y después fue Vadillo el que se deshizo de Fernández y Susaeta para terminar rematando fuera. Eran únicamente los dos primeros avisos pero dejaban muy clara la intención del Huesca.

En el 21, se lució el portero del Real Oviedo a un buen disparo de Ferreiro. El rechace cayó directo en los pies de Vadillo que remató fuera cuando disponía de una gran ocasión para abrir el marcador. Fueron tres aproximaciones peligrosas que iniciaron una tendencia preocupante. El Real Oviedo no conseguía llegar a la portería rival y tampoco frenaba los ataques locales. Ni arsenal ofensivo ni contundencia defensiva, nada de nada. Continuó el Huesca llegando con peligro a la portería de Juan Carlos con una clara ocasión de Samu Sáiz que terminó con un mal disparo del Madrileño.

En el 31 llegó el primer gol del encuentro gracias a un lanzamiento de falta directa de Ferreiro que se coló por el lateral de una barrera muy mal colocada por Juan Carlos. El disparo del gallego terminó en el fondo de la red ante la sorpresa del cancerbero. Pero no fue únicamente culpa del portero mallorquín, ya que previamente al gol, el Huesca dispuso de una ocasión clarísima para anotar, teniendo que cometer una falta peligrosa Óscar Gil en la frontal del área, cuando era el último defensor y tras una pérdida absurda en el centro del campo. Los despropósitos comenzaban a aparecer.

Sin tiempo casi para sobreponerse al primer tanto llegó el segundo en el minuto 38. El autor fue Melero que terminó rematando a gol una jugada que sirve para explicar el partido entero. El Huesca botó un saque de esquina desde la derecha, rematando dentro del área y encontrándose una gran respuesta de Juan Carlos. Con el esférico suelto, llegó Lázaro que se impuso a Torró en un segundo salto (con posible falta del delantero, aunque no demasiado evidente) pero encontrándose otra vez con el guardameta balear. El segundo rechace fue demasiado y Melero se adelantó a Toché. El resumen: tres remates locales ante la pasividad visitante.

Todavía pasaron cosas en el poco tiempo que quedaba hasta el descanso. Primero fue Christian Fernández el que salvó sobre la línea un balón que buscaba las redes oviedistas, pero poco pudo hacer minutos después cuando Borja Lázaro hacía el 3-0 en el 45’ tras una asistencia de Sáiz precedida de un nuevo error de Óscar Gil.

Si el 2-0 se antojaba difícil, el 3-0 parecía una misión imposible, aunque siempre con el resquicio de esperanza que otorga un equipo que lleva casi dos meses sin conocer la derrota. Nada más lejos de la realidad. Tras la reanudación, Óscar Gil cerró su mal partido con una expulsión que dejaba completamente hundido al Real Oviedo y sin opción alguna de sobreponerse a todos los golpes de la primera mitad.

Pese a que es innegable que el central ha completado un partido muy flojo, sería irresponsable culparle de la derrota, ya que ha sido una suma de factores y malas actuaciones individuales y colectivas lo que ha llevado al equipo de la capital del Principado a sufrir este varapalo.

Tuvo que recomponer el equipo Fernando Hierro tras la roja. Dio entrada a Erice en lugar de Miguel Linares, colocando al navarro en el centro de la zaga. Hay que recordar que el capitán ya ocupó el lateral izquierdo los últimos minutos frente al Lugo. Es curioso y algo paradójico que el preparador malagueño no apostase por Vila, Peña incluso Christian, futbolistas que ya han ocupado esa posición con más asiduidad que Jon. Poco más tarde era Pereira el que sustituía a Michu y Ortiz a Susaeta.

Los cambios no ofrecieron efecto positivo alguno, ya que seguía siendo el Huesca el que llegaba con facilidad a la portería de Juan Carlos, que evitó el 4-0 en un mano a mano con Borja Lázaro tras un rápido contraataque de Samu Sáiz. Minutos más tarde, cuando ya se afrontaba la fase final del encuentro, Ferreiro apareció conseguir su doblete particular y el cuarto tanto para su equipo. Era la puntilla final a un encuentro pésimo por parte de los azules.

Se perdió un partido pero no se acabó la temporada. La semana que viene, el sábado, visitará el Carlos Tartiere el líder de la clasificación. ¿Existe mejor partido para redimirse? Los errores, que han sido muchos, han de solucionarse sin grandes revoluciones. El Real Oviedo contaba con un plan efectivo que hoy ha sido superado por el Huesca. No se necesita un giro de 180º, sino más bien apuntalar los conceptos positivos y minimizar los fallos.