Las exigencias de la larga temporada en la Superliga hacen que todas y cada una de las jugadoras de la primera e incluso de la segunda plantilla del Oviedo Moderno Universidad, estén teniendo una importancia que en algún caso no se contaba. Todas suman para el equipo. Sergio Fuente OVIEDO  Un once del OMU (Foto: Archivo MO). El Oviedo Moderno siempre ha sido un equipo de cantera. Con esto no descubrimos nada. Evidente es, desde luego, que no es el único conjunto en España que lleva acabo esa tarea. Una labor que implica compromiso, paciencia, mano izquierda con jugadoras, padres y con resultados de los partidos, pero que a la larga da muchas alegrías. Todas esas virtudes, que hacen los equipos nacionales para tener niñas, que al crecer lleven con orgullo los colores que con el tiempo los representan.
Pues todo eso lo hace el OMU como nadie en Asturias. Por motivos que no vienen al caso, un tanto por cierto elevadísimo de las fichas de fútbol femenino asturiano pertenecen al equipo de Oviedo. Ese trabajo se refleja en el Superliga. Es decir, de veintitrés futbolistas que lo componen, veintiuno han pasado por la mayoría de los conjuntos de la base. Las otras dos, Gordi y Saray, que provienen del fútbol en Gijón, alguna vez han colaborado con el que calificamos equipo filial. Éste es un dato harto significativo que quizá no todo el mundo en el ámbito futbolístico ve o valora. Un trabajo arduo que sirve para hacer grupo.
Un concepto que lleva a la idea de compañerismo. Algo tan difícil de conseguir. Pues eso con más acierto que error, lo ha logrado el cuerpo técnico del OMU. Porque todas las futbolistas están aportando juego. Es complicado, pero todas han jugado. Si empezamos por la portería, la titularidad indiscutible de Maru, ha sido secundada perfectamente por Cubi y Rosana, que se han mostrado muy solventes y seguras. En defensa las que más minutos juegan son Gévora, ejemplo de sacrificio y amor al club, capitana cargada de constancia y entrenadora de futuro; Gordi y Rosalía, una pareja temible por su experiencia y desparpajo, y porque fueron dos de los pilares del ascenso. Pero tras ellas, Idoia y Mery han demostrado con creces que son “titularisimas”, por citar palabras del entrenador chileno del Real Madrid, Manuel Pellegrini. Idoia y Mery no levantan la voz y saben que esperando su oportunidad todo llega. Ellas han solucionado más de un problema, de esos que surgen en las competiciones, a Rafa Bernal. Y en el lateral izquierdo, Sonia y Nerea, además de Paje o Yaiza, jugadora que encarna todos y cada uno de los valores del OMU y del fútbol femenino, es decir, coraje, entusiasmo, oficio, juego y amistad, se han turnado en ese puesto. Por trabajo, lesiones y otras circunstancias, Nere y Soni tienen una competencia sana que las lleva a mejorar día a día sin que seguramente ellas mismas se den cuenta.
En el centro del campo, hay calidad, fantasía, gol y mucha juventud. La que encarnan Silvia, Cynthia, Mogo, Irene, Carol, Sofía, Blanca, Lole, Eli y un largo etcétera. La más veterana es Eli y no llega a los 23 años. La última en llegar ha sido Sofía, una cadete que tiene una pinta futbolística que recuerda a Montse Tomé. No la pierdan de vista.
Por detrás también están Julia, Rizos, que son palabras mayores en el club y en el fútbol. Tienen todo. Clase, colocación, cabeza y seguridad en sí mismas para manejar no solo a sus compañeras como buenas directores de orquesta, sino para manejar los partidos. De quitarse el sombrero. Algo que el toque de cada una de las piernas de Saray, otra jovencita, genera con cada leve roce con el balón. Y Cynthia, 14 años, y ya plenamente integrada en el equipo A, donde no nota ni nervios ni nada que la haga ser diferente al resto.
Las bandas tienen en Mogo y Eli, con Yaiza de la que hemos hablado ya, el juego por los extremos que precisan las delanteras como Lole o Blanca. Blanca tendrá un partido especial ante el Eibar porque ante las vascas marcó su primer gol en Superliga con 15 años. Lole es esa jugadora que es amiga de sus amigas, de todas, y que tiene una zancada tremenda. Una potencia que está bien secundada por los centros de Mogo y Eli, que le echan en el desborde todo lo que tienen para llegar, centrar, marcar goles y la diferencia. Y por último Irene. Es un caso aparte. Es una de las elegidas. Una especie de “Neo” en el Universo Matrix del Oviedo Moderno. Ella es el principio y el fin. La clase, la elegancia, la calidad, el caviar, un lujo para Asturias, para Oviedo, para el Moderno, y una referencia de presente y de futuro para España. Pocas hay como ella en el país.
Con todas estas virtudes, se hace equipo. Podrán salir mejor o peor las cosas, pero la realidad es que así el futuro es de ellas y solo de ellas. Porque todas, de la primera a la última, están para ayudarse, para apoyarse, en busca de un bloque que de victorias. Las que indiquen los marcadores al final de los partidos, pero sobre las que muestren el ser ejemplo de las cien niñas que tienen a sus espaldas. Ellas, las del primer equipo, el de Superliga, son las mosqueteras que gritan juntas y unidas el “una para todas y todas para una”. Su próxima misión seguir la racha ante el Eibar mañana a las 12:00 en el Díaz Vega, después de la primera victoria en la segunda fase ante el Sevilla.
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