|
El máximo accionista del Real Oviedo se quita vergüenzas y máscaras y deja claro que su ansia es “gobernar” en solitario una nave que le queda muy grande. Cada vez queda menos margen a los consejeros “normales” para dimitir y dejar al magnate del fútbol al descubierto. Magazine Oviedista  Alberto González (Foto: Zureda Press) La maniobra del máximo accionista del Real Oviedo, Alberto González, para traer al banquillo del equipo a Fernando Vázquez a espaldas de todos los estamentos del club sigue dando que hablar, y la falta de sincronización del magnate de San Claudio con el resto de compañeros de viaje se deja ver en las distintas, y a veces contradictorias, declaraciones de cada uno. Esa falta de criterio, las mentiras habituales y las cortinas de humo toman forma en toda su crudeza en los últimos días. Todo ello aderezado, cómo no, por los delirios de grandeza del máximo accionista de la sociedad, presa de su verborrea y de su incapacidad. Su última comparecencia ante los medios de comunicación, en Radio Asturias, dejó ver a un ególatra que habla de “gobernar” cuando se refiere a su papel en el Real Oviedo. ¡Casi nada!
Alberto González, al mando del barco cuando el Real Oviedo descendió por motivos deportivos a Tercera ¡por primera vez en su historia! se atreve a decir que tiene la ilusión de llevar al equipo a Primera “desde sus cenizas”. Unas cenizas que llegaron gracias al fuego del hombre que hundió al Balonmano Naranco y lo hizo desaparecer porque era inviable. Ahí está el Balonmano Base Oviedo, ascendiendo y dejando, otra vez, en ridículo al magnate. Mientras el presidente, Dámaso Bances, intenta tapar las vergüenzas del Consejo y del resto de perjudicados diciendo que estaban al corriente de las negociaciones con Fernando Vázquez, Alberto González se ocupa en dejar claro que el director deportivo no sabía nada, un director que se queda hoy de vacaciones, como manifestaba el magnate, y que al parecer no tenía contrato para estar al frente de la parcela deportiva del club, únicamente un contrato verbal. Algo tendrá que aclarar el magnate al respecto. Alberto González no dudó en razonar la negativa a renovar a Cervero por tres años sobre la premisa de “no hipotecar el futuro del club”. Parecería algo serio y respetable si no viniese de quien se fumó cinco millones de euros en dos años y medio para mandar el equipo a Tercera y dejarlo, con gran celebración, en Segunda B. Todo un récord. Eso sí, a partir de ahora parece que cambia el rumbo y “no vamos a hacer un equipo a base de talonario”. Eso nadie lo duda, porque el talonario del magnate del fútbol huele a cero, a tenor de la capacidad que muestra para aportar liquidez a la sociedad que regenta. Alberto González quiere dejar clara su lejanía respecto al otro González, Celso, pero es evidente: el allerano siempre aportó lo necesario al club para su mantenimiento, incluso en los peores momentos; el de San Claudio sólo puede pedir créditos, pero no es fácil que se los den. El máximo accionista del Real Oviedo ataca a la Federación, a los anteriores dirigentes, al Principado, incluso a la afición, que dice que no entiende lo que es la institución. Una afición que, mientras él buscaba comprar plaza en Segunda B para el ACF, se esforzaba en mantener con vida al Oviedo. Eso fue hace media docena de años. Y hablamos de docenas porque en la web del club, echando humo y más humo, se festejaba ayer que hacía 24 años (dos docenas) que se había logrado la Copa de la Liga. No 25 ni 20, números redondos, sino 24. Parece una cortina de humo, sobre todo si se comprueba que ni el año pasado ni el anterior se hizo mención a esta efeméride. Sólo ahora que hay que tapar muchas cosas. Y qué mejor para un comerciante, bien sea de fruta, de vivienda o de sentimientos, que tratar en docenas. Eso es lo que tiene ahora el Oviedo, alguien capaz de vender huevos, pero no de ponerlos. |