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La frase la pronunciaba Lucas esta mañana en el Requexón, pero es una constante entre los futbolistas de la primera plantilla del Real Oviedo. El argentino, como todos sus compañeros, está dispuesto a seguir en el club para sacarse la espina del domingo y dar una alegría a la afición. Pedro Pascual OVIEDO  Lucas y Santos, con sus equipajes, en el Requexón (Foto: Zureda Press) La tristeza se palpaba esta mañana en el Requexón, cuando se iba viendo a los jugadores salir con todas sus pertenencias para encarar unas vacaciones a cuyo término muchos no saben si volverán a Oviedo o levantarán el vuelo hacia otros equipos. Uno de los más afectados era el argentino Lucas Iglesias, que esta temporada se ha llevado otro sinsabor en el club carbayón, tras el descenso de la pasada campaña. Para Lucas, hoy es “un día triste, por despedirnos y marchar sin un futuro claro. Viendo lo que pasó, que no cumplimos los objetivos, nos vamos muy jodidos”.
A la hora de escoger algo de su estancia en el Oviedo, el argentino respondía que “me quedo con todo, con el cariño de la gente, el apoyo, todos mis compañeros. Un año que no pudo ser completado con el objetivo final, que era lo más importante, pero trataré de hacer análisis y sacar las cosas más positivas, para que sirvan de aprendizaje y experiencia, porque de estos golpes, cuando sacas conclusiones, es una experiencia para el futuro”. Lucas se encuentra “muy feliz jugando en el Oviedo” y no oculta que le gustaría “tener la revancha y pelear un año más con esta gente”, aunque esa posibilidad, tanto para él como para el resto de sus compañeros “es decisión del club. Yo estaría encantado de seguir y de luchar a muerte por este club”. Al vaciar la taquilla que ha ocupado durante toda la temporada, el defensa se sentía “muy triste, llevo todo un año y dejas muchos recuerdos”. La próxima temporada, Lucas espera “aportar mi granito de arena, pero si no es así deseo lo mejor y que este club crezca día a día y que recupere la historia que fue perdiendo por malas administraciones”. El partido del domingo aún lo viven los futbolistas en sus cabezas: “a cada momento se me cruzan imágenes del partido y hay momentos inolvidables: el apoyo de la gente, la presión sobre el rival… Son cosas que se cruzan por la cabeza y en un momento que uno está totalmente abatido, que venga la gente y lo recoja, significa muchísimo”. La reacción de los aficionados en ese momento tan difícil es quizás lo más destacado por los futbolistas, ya que “tenían razones para estar cabreados, pero tuvieron la fuerza suficiente para levantarnos a cada uno de nosotros. Son momentos que uno no olvida nunca y siempre lo agradeces. Te queda la espina clavada de no haberles dado esa alegría y el ánimo para el año siguiente dar una alegría y muchas más”. |